Como siempre que has vuelto has mí, ha sido de un modo contundente.
Yo que casi no me acordaba de tu olvido, de repente llamas al teléfono.
Ahora toda mi vida está por razones ajenas a tí, en transformación, tu claro está no estabas incluido en esto. Pero como siempre te las has ingeniado para estar presente en este cambio.
Y con tu llamada provocaste de nuevo mi interés hacia tí, ya te había dado por olvidado, no pensaba ya apenas en tu recuerdo y, aunque estuve tentada a escribirte y contarte de mis planes, pensé que no estarías cerca para apoyarme.
Tu debes de tener un sexto sentido, sueles encontrame en mis mejores momentos.
Por fin encontré fuerza, decisón, valor y la ilusión suficientes como para realizar esos cambios que tanto deseaba hacer. Sé que tengo muchos otros pendientes, poco a poco conseguiré no quedarme parada.
Ahora que tengo algo más de ilusión por la vida y bastantes ganas de implicarme en ella, de repente y sin avisar, apareces tu, como siempre. Ya no me parece algo sorprendente, es más bien algo que te hace distinto y eso me gusta, ahora me gusta, antes me alteraba.
Si bien es cierto que antes todo me alteraba, ahora intento que las cosas no me afecten demasiado y que todo lo que me ocurra me ayude a ser más fuerte. Intento no preocuparme demasiado y sobre todo, estoy decidida a sonreir y buscar esa felicidad que tanto he anhelado durante demasiados años.
Este último de tus viajes ha sido para mí, el peor que has podido hacer.
Te has marchado como sueles hacerlo, sin despedirte, no te has molestado en dejar recado.
Nos quedaban demasiadas cosas pendientes y tu has dado carpetazo a cientos de casos abiertos. Me has dejado con deseos de seguir conociéndote.
Ahora te recuerdo en los peores momentos y reconozco que me haces falta, quizá séa más como el último consuelo de mi desesperanza que como una realidad.
Me encuentro rota, derrotada, no contaba con tenerte siempre, tampoco esperaba este abandono y menos aún el silencio.
Te has colocado a muchos kilómetros de distancia, ahora el vernos es improvable y el hablarnos ha quedado pendiente tan sólo de ti, supongo que nunca más sabré nada, sólo serás un recuerdo que quedará para acompañarme en las tardes de soledad amarga.
Ahora que han pasado tantas tardes de absoluta y no deseada soledad, te recuerdo y te anhelo, ya no sé nada de tí. No sé si estás aquí o has vuento a marchar; si en realidad me quieres o más bien he pasado a ese olvidado grupo, que por decirles de algún modo se les dice "amigos".
Ya que han pasado meses y no sé nada nuevo de tí, sabiendo como intuyo que no estás muerto, intento encontrarte.
Los primeros pasos, esos telepáticos que en un primer momento, tan bien funcionaron, parece que ahora no dan resultado.
Por misivas epistolares, que serían las más apropiadas en este caso y más deseadas por mi parte, es imposible; te mudas con demasiada frecuencia. Además dices no expresarte bien de forma manuscrita, por no comentar de tu pereza. Como consecuencia he tenido que recurrir al teléfono, sabes que no me gusta hablar contigo por teléfono, lo hago pero solo disfruto las conversaciones cuando te puedo mirar a los ojos.
Marqué el número y al principio no sabia ni quería decir nada, luego tomé valor y comenzamos la conversación, comentaste de tu vida y me preguntaste por mí, por mi vida, mis sentimientos, pero no por los de los dos.
Ahora que han pasado tantas tardes de absoluta y no deseada soledad, te recuerdo y te anhelo, ya no sé nada de tí. No sé si estás aquí o has vuento a marchar; si en realidad me quieres o más bien he pasado a ese olvidado grupo, que por decirles de algún modo se les dice "amigos".
Ya que han pasado meses y no sé nada nuevo de tí, sabiendo como intuyo que no estás muerto, intento encontrarte.
Los primeros pasos, esos telepáticos que en un primer momento, tan bien funcionaron, parece que ahora no dan resultado.
Por misivas epistolares, que serían las más apropiadas en este caso y más deseadas por mi parte, es imposible; te mudas con demasiada frecuencia. Además dices no expresarte bien de forma manuscrita, por no comentar de tu pereza. Como consecuencia he tenido que recurrir al teléfono, sabes que no me gusta hablar contigo por teléfono, lo hago pero solo disfruto las conversaciones cuando te puedo mirar a los ojos.
Marqué el número y al principio no sabia ni quería decir nada, luego tomé valor y comenzamos la conversación, comentaste de tu vida y me preguntaste por mí, por mi vida, mis sentimientos, pero no por los de los dos.
Es curioso lo diferente que noto el paso del tiempo, desde que entraste en mi vida. Ahora no pasan las semanas de lunes a domingo, el tiempo circula en intervalos entre nuestros encuentros. De la primera a la última cita, de la primera a la última caricia.
A veces siento con decepción que no confías en mí, al menos no tanto como yo en tí. No siempre me cuentas lo que te pasa por la cabeza.
Tras una ausencia demasiado larga, una vez más regresas pero apenas cuentas nada. Los viajes son en este caso algo incómodo, molesto y cuyo final ha sido más decepcionante que nunca.
Durante estos meses de no verte, oírte ni sentirte, he pensado mucho en tí. Extrañaba tu mirada, tus ojos para mirarme en ellos.
De tu viaje cuentas solo espectos negativos: rencor,olvido y decepción.
Quiza el reencuentro sea lo mejor de las usencias, al menos yo lo he sentido así. Tras no verte, encontrate; después de una sequía afectiva, el diluvio de caricias y besos, casi acaba ahogándome. Te felicito, sigues besando muy bien, consigues transmitirme mucha seguridad y logras que me sienta hermosa y deseable, gracias.
Tienes el cuestionable don de la inorpotunidad, siempre que llegas a mí es un mal momento para que estés cerca, para que tenga que dejarlo todo y correr hacia tí, aunque a ti eso parece no importarte. Tu sabes que cuando me besas soy capaz de renunciar a mis principios solo por sentir tu labios en mi boca, consigues crear en mi un estremecimiento único y nunca antes conocido.
Curiosamente yo antes me reía de estas cosas, creía que nadie podía hacer tambalear mis sólidas estructuras, y con una sola de tus caricias me rindo al calor y a la pial.
Me haces pensar demasiado en mí, y eso es malo porque evidencia mis fallos y soy excesivamente orgullosa como para reconocerlo. Me angustio viendo como mi controlada y sesuda vida se tambalea con una de tus visitas.
Aún no sé dónde estás o si realmente sigues estando, vivo me refiro. Ha pasado mucho tiempo pero aún siento tu mano en mi piel, tu aliento en mi cuello y el olor de tu esencia en mi ropa.
Llegaste como siempre, sin avisar, atropelladamente y sin pedir permiso viniste a mi vida, yo te hice un sitio y tu te instalaste. No de forma definitiva, tu no tienes principio ni final, de igual modo acepté, siempre acepto todo en ti.
Ahora recuerdo pasar los minutos u horas iniciales, de forma violenta. Casi no entendía porqué no podía dejar de mirar tus ojos; pero con el paso del tiempo las cosas se calmaron, mis ojos se centraron en los tuyos, mis manos se posaron en tus dedos y al final terminamos compartiendo un café.
No me deja indiferente que con tu presencia las cosas cambiaron, añadiste alegría y aliento a la constante monotonía de mi rutina diaria. Gracias a tí aprendí que todo es importante en la vida, que tanto valor tiene el sentimiento como la forma, que se ganan batallas en los despachos, que donde quiera que te encuentres puedes sentirte querido y que lo único verdadero es el último segundo que estás viviendo, "lo importante es ahora".
Desempolvaste mi ánimo, acostumbrado como estaba al abatimiento y la mediocridad. Conseguiste que dejase en el último lugar todo lo que yo consideraba de capital importancia. Con la más nimia intención por tu parte yo comprendí la necesidad de camaradería y cariño que había en mi vida y que hasta ese momento, no percibía como una carencia.
Amor... ya sabemos todos que "amar es el verbo más bello", pero yo no estoy segura de dar la definición correcta, no me atrevo a decir si amé o me amaron, solo puedo asegurar que pasé cual sarampión, un enemoramiento que se convirtió en pasión y quedó en una profunda y larga amistad.
Fue muy difícil, pero siempre me han atraído los retos, así que de cabeza al tema sin medir las consecuencias emocionales. Soy una persona cerebral, las cosas se razona, sopesan, miden...y cuando termina se actúa igual, no hay que dejar lugar para que el corazón se interponga y acabe arruinando una estrategia meditada, intento creerme mi teoría, fría y cerebral, sin espacio para absurdos sentimientos que solo dan dolor de estómago, insomnio y ojeras.
Esta es la teoría que urdí antes de comenzar la relación más extraña que jamás viví, las cosas como es de esperar cambiaron y mis argumentos se fueron modificaindo, publico estas cartas dado que nunca tuve el valor ni las ganas de enviarlas a su destino, no hay finalidad alguna al hacerlo, supongo quees una lección de humildad que nunca antes he sido capaz de aguantar, ahora que parece, nunca se sabe, que estoy madurando, soy más capaz de soportar las críticas y de ver lo vanidoso y pueril que ha sido mi pensamiento y acción en este caso.